LA CRISIS FINANCIERA MUNDIAL ABRE SUS PUERTAS EN 2020

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Por: Econ. Jorge Mier Medina, PhD, MSc

Aunque nadie venia venir una recesión económica de la mano de un virus, no deja de ser la crónica de una crisis anunciada. En el horizonte de la economía mundial se estiman que ante una posibilidad de que se produzca el peor de los escenarios, con las principales economías sufriendo un impacto significativo, aumenta día tras días, lo que se traduce en grandes perdidas que podrían llegar a los US$2,7 billones. Todo esto supone un camino difícil para superar esta crisis, y por ello, se requerirá no solo de medidas macroeconómicas, sino también de políticas correctivas y reformas institucionales destinadas a construir un crecimiento sustentable, equitativo y que marque una huella menor en el medio ambiente.

Son muchas las opiniones que han retratado a esta crisis como un gemelo de lo acontecido en el año 2008, pero a diferencia de la crisis financiera mundial que vivimos en el 2008, ésta no es una crisis que paraliza los bancos o los sistemas de pagos y liquidaciones. Por el contrario, la economía y los mercados mundiales están pasando por un mal momento que se viene gestando hace años, y que se agudiza en estos tiempos difíciles porque los gobiernos tienen menos formas de responder efectivamente.

La causa inmediata de la turbulencia que nos acontece es el impacto progresivo que se acentúa sobre tres pilares que mantenían los mercados estables, o incluso en alza:

  • Primero, el impacto real y temido del coronavirus está destruyendo la oferta y la demanda simultáneamente. Eso debilitó el impulso del crecimiento económico mundial.
  • En segundo lugar, pareciera que los bancos centrales ya no pueden reprimir la volatilidad financiera inyectando liquidez y bajando cada vez más las tasas de interés. Las tasas ya son negativas en Europa, mientras que la FED evidencia señales de improvisación que acentúan aun más la incertidumbre en los mercados.
  • En tercer lugar, la guerra de precios del petróleo, que impactaron en una caída del 20%, puso en peligro la viabilidad de las pequeñas empresas petroleras y debilita partes del mercado de obligaciones negociables.

Como resultado, los altos precios de los activos empezaron a bajar a los niveles donde las variables fundamentales indican que deberían negociarse, y por ello, los mercados turbulentos de hoy nos recuerdan cómo se comportaron en la crisis financiera del 2008. Lo mismo ocurre con la creciente probabilidad de una recesión global… Pero aún así, la situación actual es diferente.

¿Y porque es diferente?

Como no se originó entre los bancos, no está en peligro el centro neurálgico de todas las economías modernas basadas en el mercado, específicamente sus sistemas de pagos y liquidación. Sin embargo, los gobiernos inician su carrera por atenuar la agitación partiendo de una posición rezagada. Durante demasiado tiempo, para sostener el crecimiento aplicaron una combinación de políticas económicas desequilibradas que dependían de la política monetaria.

Por tanto, para detener lo que podría convertirse en un círculo vicioso, donde el deterioro de la economía real arrastra a los mercados y luego a la economía, los gobiernos deben ACCIONAR de forma inmediata y coordinada; En mi opinión, se deberían definir iniciativas muy específicas para crear un piso económico sostenible, como medidas que impacten y fortalezcan el sistema de salud que ayuden a contener el virus; políticas para proteger a los más vulnerables de la sociedad, y en el mercado financiero, aliviar la falta de liquidez.

Estas medidas también deben tener un enfoque coordinado de «TODOS LOS AGENTES ECONOMICOS». Se dependió demasiado de la actuación del banco central para impulsar el crecimiento; y ahora es necesario que los gobiernos hagan verdaderas reformas que mejoren la productividad.

Por último, debe haber una coordinación internacional complementaria para establecer qué acciones colectivas se pueden desplegar; y generar las condiciones necesarias para su implementación de forma inmediata.

Siendo efectivos y no efectista, lograremos impactar el rebote de la economía. Esa eventual recuperación podría estar impulsada por tasas hipotecarias y precios de la energía extremadamente bajos, lo que eleva el poder adquisitivo de los consumidores. Y esta vez, a diferencia de 2008, se espera que ese rebote y la recuperación económica se sustente en fundamentos más genuinos y sustentables en el tiempo.

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