¿Cuál es el futuro de los bancos?

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El nuevo libro discute el papel de los bancos en un mundo cada vez más digitalizado y también los problemas que el sistema financiero puede generar

«Banco es una institución que nos presta dinero si presentamos pruebas suficientes de que no lo necesitamos», escribió Apparcio Torelly, más conocido como el Barón de Itararé, en una de sus crónicas publicadas a mediados del siglo pasado. La verdad es que todo el mundo tiene una buena razón para no gustar bancos.

Estos motivos normalmente están ligados a la sensación de que las instituciones bancarias ganan mucho dinero de todos nosotros sin hacer «nada» además de pequeños servicios de agenciamiento. Por supuesto que no es así. Pero hay un movimiento creciente, cada vez menos silencioso, de aversión a los bancos hasta el punto de que, en Estados Unidos, suscitar organizaciones y asociaciones que pontifican un boicot a todas las instituciones financieras-e incluso aquí en Brasil hay iniciativas semejantes, aunque mucho restringidas y silenciosas.

La resistencia ganó cuerpo a partir de la crisis de 2008, cuando gigantes bancarios fueron colocados en el centro del ciclón financiero que asoló el planeta y drenaron recursos gigantescos, nunca vistos, de los gobiernos, especialmente en Estados Unidos. El Congreso aprobó un plan de recuperación de 700.000 millones de dólares, según la revista Time de la época, el gobierno estadounidense invirtió un total de 10 billones de dólares para ayudar a los bancos y sanar el colapso financiero que estaba ocurriendo.

Desde la crisis de 2008, la idea de acabar con los bancos viene adquiriendo volumen. El año pasado, la directora general del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, sorprendió al declarar en una conferencia que la tecnología, las monedas digitales, o criptomoedas, estaban a punto de desafiar la existencia de los bancos y que sería bueno que aceptemos pronto esa idea .

¿Pero cómo vivir sin banco? ¿Cómo pagar las cuentas, hacer transferencias y guardar nuestro rico dinero?

El libro El fin de los bancos, publicado recientemente en Brasil, da explicaciones inequívocas sobre el asunto y propone, sin vacilación, aquello que predica el título. El libro es firmado por Jonathan Mcmillan, un nombre ficticio, resultado de una noche de mucha conversación, regada la cerveza en un acogedor pub inglés, entre dos autores, ambos muy experimentados en el mundo de las finanzas y sin ninguna posición política, son técnicos llenos de elocubraciones posmoderna. Uno de ellos trabaja en los centros financieros de Nueva York y Londres y necesita mantenerse anónimo, por lo que adoptaron el pseudónimo. El otro es el economista suizo Jürg Müller, que investiga el impacto macroeconómico de la actividad bancaria.

La conversación entre los dos, reproducida en entrevistas que Müller concedió a la época de los lanzamientos del libro, buscaba soluciones para la inquietante perspectiva de ocurrir una nueva crisis financiera, preconizada por muchos financistas alrededor del mundo. Por su parte, citó, por ejemplo, el gran riesgo de la economía china, cuya deuda interna promete llegar a una cantidad en la que podría colapsar de una hora a otra.

Pero no es sólo la China que preocupa. Recientemente, el Deutsche Bank ha emitido un informe en el que se plantean once riesgos que pueden generar una nueva crisis financiera, incluido el escaso rendimiento de la economía japonesa, la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la situación económica de Italia. Müller y su compañero anónimo tomaron en consideración todos esos argumentos y, según él, cualquier camino que la conversación tomara, llegaban a la misma conclusión: hay que extinguir a los bancos. Los sabios dicen que toda argumentación conduce a una de dos soluciones: el asunto muere, se evapora, o se vuelve el libro. Los dos amigos optaron por la segunda alternativa.

No fue una reacción emocional, motivada por el odio generalizado a los bancos. Pero una constatación. Al final, el gran drenaje financiero que los bancos exigieron con motivo de la crisis no impidió que, irónicamente, recaudaran ganancias gigantes desde entonces.

Para el comienzo de la conversación, el sector bancario se volvió más concentrado que nunca. En los Estados Unidos, por ejemplo, el número de bancos cayó a la mitad en 2009, mientras que la participación de los cuatro mayores bancos estadounidenses subió del 14% a más del 40%. Y ellos son cada vez más lucrativos. El año pasado, el beneficio de sólo diez de los mayores bancos estadounidenses golpeó el récord de 2007, obteniendo un beneficio de 30.000 millones de dólares en los últimos tres meses del año. En Brasil, el fenómeno es idéntico. El Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (Dieese) divulgó recientemente un récord: en 2016, los cinco mayores bancos brasileños tuvieron juntos un beneficio neto de 69 mil millones de reales.

Los autores del libro son extremadamente didácticos cuando explican la función de los bancos y los motivos por los cuales son nocivos para la salud financiera del planeta. Para sorprender la preocupación de cómo pagar cuentas, hacer transferencias y guardar el salario, ellos explican que esas son actividades bancarias que no necesitan ser ejercidas por los bancos. Al contrario: son servicios que pueden ser ejecutados por la tecnología, lo que efectivamente ya sucede.

Fuente: exame.abril.com.br

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