Buenos Aires pugna por volver a ser el centro financiero de Latinoamérica

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La capital argentina cuenta con muchos atractivos para el sector financiero internacional. Sin embargo, la reducida actividad bursátil y el débil negocio bancario juegan en su contra.

Por derecho propio, Buenos Aires debería ser una de los mayores centros financieros del mundo, el Nueva York del Hemisferio Sur. Hace un siglo, elegir entre las grandes, ricas y diversas ciudades de Buenos Aires y Nueva York era una decisión difícil para los miles de inmigrantes judíos e italianos.

Buenos Aires sigue teniendo muchas de las ventajas que la convirtieron en la capital de una de las naciones más ricas del mundo. Una bonita ciudad que tiene atractivos para todo tipo de personas, desde el fútbol hasta el tango, pasando por las artes visuales.

Los inversores aprecian mucho su impresionante flujo de mano de obra con alto nivel educativo. Los argentino tienen un buen nivel de inglés y juegan un papel preponderante entre las clases altas de los países latinoamericanos castellanohablantes. Buenos Aires debería ser, por todo ello, sede de grandes bancos internacionales y compañías de inversión.

Sin embargo, su ubicación es un problema. Es, probablemente, la más remota de entre las grandes ciudades del mundo. Otra desventaja es que, durante generaciones, el modelo político de Argentina ha oscilado en bucle entre el populismo y la dictadura. La tendencia de optar por el nacionalismo cuando las cosas van mal -tal y como ocurrió cuando el peronista Néstor Kirchner fue elegido presidente en 2003 en plena crisis económica- suele ahuyentar a los inversores.

Entonces, ¿cuáles son las opciones que tiene el tecnócrata favorable a las empresas Mauricio Macri para convencer a los inversores de que en esta ocasión las cosas van a ser diferentes?

La mala gestión del país, llevada a cabo durante generaciones, ha tenido un alto coste. La infraestructura de Buenos Aires, antaño una de las mejores de América Latina, está en decadencia.

Según la consultora Mercer, la capital de Argentina ocupa el puesto 89 en el listado de ciudades con mejores infraestructuras del mundo; se encuentra por detrás de Santiago de Chile y de San Juan de Puerto Rico, por ejemplo. En cuanto a calidad de vida, Buenos Aires ocupa el puesto 93; en esta clasificación también se queda descolgada por detrás de Santiago de Chile y Montevideo, la capital uruguaya.

Poca actividad bursátil

Si Buenos Aires quiere atraer a banqueros y gestores internacionales deberá elevar, de alguna manera, el volumen de acciones que cotizan en su mercado de valores.

Actualmente, según datos de la Federación Mundial de Mercados de Valores, cada día solo se intercambian en la bolsa bonaerense unas 156.000 acciones. Esta cifra es menos de la mitad de la que se registra en la bolsa de Santiago y resulta diminuta al lado de los veinte millones de acciones que se mueven cada día en el Bovespa de Sao Paulo, en Brasil. Este es un problema serio, ya que desincentiva que las grandes compañías financieras elijan ubicarse en Buenos Aires. Esa debilidad sólo podrá revertirse con varios años de crecimiento económico y reformas para que las compañías que cotizan en bolsa ganen atractivo.

El sector bancario de Argentina es pequeño para un país de su tamaño y riqueza. Los depósitos que atesoran los bancos suman solo el 35% del PIB, según la consultora estadounidense SNL. Esta cifra supone la mitad del nivel que alcanzan Colombia y Perú (con el 66% y el 70%, respectivamente), dos países con economías, históricamente, menos desarrolladas que la argentina.

No obstante, Buenos Aires aún tiene opciones para reestablecerse como centro financiero latinoamericano. Macri ha atraído mucha inversión extranjera, principalmente de fondos de inversión privados dispuestos a ofrecer a las empresas argentinas la financiación que no son capaces de obtener en el mercado bursátil.

Fortalezas

El presidente argentino ha intentado convencer a los inversores de que las debilidades del país son, en realidad, fortalezas. El debilitado estado argentino ofrece enormes oportunidades de crecimientos, sobre todo en los sectores financiero y de infraestructuras. Y el Gobierno está dispuesto a ayudar.

En 2015, JP Morgan, una entidad que mantiene fuertes lazos con Argentina, anunció que aumentaría su plantilla en el país en mil personas. Deutsche, Citi, HSBC y Banco Santander han apostado fuerte por la deuda del país.

Estos movimientos han hecho posible que el empleo en el sector financiero se haya recuperado un 16,4% desde los mínimos alcanzados en 2009. Además, el desempeño del mercado bursátil en el país ha sido alentador durante el último año.

El indicador argentino del MSCI -el mayor índice global de mercados emergentes del mundo- se elevó un 34% entre enero y marzo.

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