Por: Econ. Jorge A. Mier Medina, PhD. MSc.
Doctor of Philosophy (Ph.D.) in Project Management
Doctor of Philosophy (Ph.D.) in Education Sciences
Master of Science (M.Sc.) in Strategic Planning
Specialist in Business and Finance
@tusfinanzashoy

El mencionado y definido desarrollo “sustentable” o “sostenible” se ha perfilado pretendidamente como una “teoría” y una “práctica” alternativa, en el campo de la gestión popular, las acciones gubernamentales y en los círculos científicos bajo la forma de “teoría”. Lo que a continuación se expone constituye una reflexión acerca de la “sostenibilidad” en la que se distinguen los tres grandes campos temáticos en los que tal práctica se inscribe: teoría, ideología y política. Pretende, mediante un análisis sucinto, desvelar críticamente las implicaciones científicas, las intenciones éticas y las consecuencias políticas que esta “teoría” y esta “práctica” trae consigo para, entonces, delinear de manera explícita sus limitaciones teórico-ideológicas y sus consecuencias éticas, en la búsqueda del consenso político. Un momento importante de la reflexión consiste en señalar breve pero críticamente una observación acerca del “proyecto matemático de la naturaleza” en que esta ideología se inserta, sin perder de vista en ningún momento la necesidad del des-encubrimiento de la labor ecométrica en que las ciencias particulares han caído de manera inconsciente, sus implicaciones gnoseológicas e, incluso, ontológicas. A su vez se resalta, bajo el conocimiento causal, la importancia de los acuerdos y las acciones colectivas pluralistas de todos los actores políticos que defiendan el espacio social-natural.

“Se considera lo técnico, representado en el sentido más amplio y en toda la diversidad de sus manifestaciones, como el plan que el hombre proyecta y que finalmente le obliga a decidir si quiere convertirse en esclavo de su plan o quedar como su amo. Mediante esta representación de la totalidad del mundo técnico, todo se reduce al hombre, y, como sumo, exige una ética del mundo técnico”.

El desarrollo sostenible o sustentable como teoría es, en su origen y en su fundamento, in-sostenible. Surge como ideología (falsa conciencia) bio-ética del “proyecto matemático de la naturaleza” y emplea para ese fin a la máxima parodia de ella: la ecología. Su “fundamento” es, en realidad, político-ideológico y no teórico. De ello se derivan secuelas e intentos “científicos” los cuales son, en su fundamentación, ideológicos, debido a que caen ciegamente en mayor o en menor medida, en este proyecto calculador y legitimador sin escapar ni percatarse de ello.

La sostenibilidad, debe ser apoyada y desarrollada en su justa dimensión, la cual no es teórica sino ideólogo-política. Su carácter fue, es y seguirá siendo de esta índole está sometido a las condiciones de un nuevo reposicionamiento. Es ésta la tesis que sostendremos en lo que sigue, no sin antes clarificar tanto el origen y fundamento ideológico-político de la sostenibilidad, atisbando en la problematicidad teórica que la envuelve y que la ha envuelto desde antaño. Para tal motivo se vuelve ineludible la necesidad de explicar, por lo menos con brevedad, lo que entendemos aquí por ideología y por política. En general se entiende por “ideología” el sistema de ideas, creencias, juicios de valor, actitudes y opciones respecto a fines y objetivos, que se hallan en el fondo y que a la vez es el origen de las opiniones, decisiones y actuaciones que los individuos adoptan en los asuntos sociales y políticos. Si bien, esta noción general es aceptable, no es completa del todo. Tendrían que agregarse –además– aclaraciones en el sentido que Mannheim señala, como un doble nivel de la ideología: particular y general.

El concepto particular de ideología significa un “fenómeno intermedio entre la simple mentira, en un polo, y un error que es resultado de un conjunto deformado y defectuoso de conceptos, en el otro”. Este sentido opera en el nivel del ethos o modo espontáneo que tiene el hombre de habitar su mundo (morar entre las cosas).

El concepto general de ideología –de acuerdo con Mannheim– opera desde un plano ontológico y noológico, plano en el que se representa al mundo como “mundo”, esto es, como unidad estructural. Mannheim señala el sentido histórico y sociológico que ha tenido la ideología en la época moderna, por lo cual en la historia guarda un papel fundamental en la hegemonía de una clase, partido, institución, etc., sobre otra, sin embargo, no es privilegio de una de ellas. El concepto general de ideología, y esta hegemonía de grupo o clase, es lo que da origen a la sociología del conocimiento. Asumimos el sentido autocrítico señalado a partir de Mannheim como actitud científica ante el problema ideológico: “La forma general del concepto total de ideología ha sido fecunda para el analista, cuando ha tenido el valor de someter no sólo el punto de vista de su adversario, sino todos los puntos de vista, inclusive el suyo, al análisis ideológico”. Sin embargo, empleamos “ideología” en el sentido estricto del término, en este caso, como “falsa conciencia”. En este plano deben ser considerados un par de conceptos que es necesario aclarar: lo político y la política. Ya en los años setenta Castells (guiándose por Althusser) definía estos conceptos de la siguiente forma: “Lo político designa la instancia por lo cual una sociedad trata las condiciones y desniveles de las diferentes instancias que la componen y reproduce, ampliándolas, las leyes estructurales, asegurando así la realización de los intereses de la clase dominante. 

La política designa el sistema de relaciones de poder (…). Se entiende por poder la capacidad de una clase social para realizar sus intereses objetivos específicos a expensas de las otras. Por intereses objetivos entendemos el predominio de los elementos estructurales sobre los otros elementos que están en contradicción.

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